Punto de vista de Nireya
La puerta se cerró de golpe tras nosotros, y fue tan fuerte que el pestillo de hierro resonó con fuerza.
Valen no habló.
Me daba la espalda, con una mano aún apoyada en la madera. Sus hombros subían y bajaban lentamente, mientras respiraba con cautela.
El silencio era peor que cualquier rugido.
Su control se estaba perdiendo poco a poco, no de repente, y ese silencioso desmoronamiento me asustó más que la furia.
Me quedé cerca de la chimenea con los brazos cruzados sobr