Devan se detuvo un momento, y con su acento afeminado — Lo siento, queridísimo Noah — dijo, pero este lo miró con más enojo, odiaba las persuasiones, y sobre todo se sentía frustrado por saber que Sophia no aparecía por ningún lado. Estaba ansioso por no mirarla, porque quería hablarle, decirle lo que estaba sintiendo.
— Qué me digas, qué pasa, no te entiendo, habla claro — Le insistió con voz fuerte
— Pues, es que, Noah, pensé que estabas enterado — titubeó Devan con sus ademanes femeninos más