Capítulo 30. El que se enamora pierde.
Iván, en su interior, sabía que no era buena idea lo que estaba haciendo, pero no podía resistirse, probaba sus labios como si fuera el más dulce néctar dado por los mismísimos dioses, sus labios le recordaron a Iván un poema que había leído hacía mucho tiempo, acerca de los labios de una mujer que eran como un paraíso de besos dulces.
El hombre sintió que los labios de Sara eran lo que siempre había deseado, percibió un estremecimiento en su cuerpo como nunca antes lo había sentido, su corazón