La conversación completa ocurrió el lunes siguiente.
No la noche de la boda, que tenía sus propias prioridades y que terminó a las doce con los niños dormidos y los adultos con el tipo de cansancio específico de los días donde todo lo que correspondía ocurrir ocurrió completamente: sino el lunes, en el jardín de la casa de San Ángel, con Lucía en el segundo nivel de la terraza mirando el árbol con la atención de siempre y Rodrigo sentado en la mesa bajo la copa con el café que Valentina le habí