Emma Leyton
Maxwell permaneció allí, parado, mirándome con una expresión que no pude descifrar completamente. Sus labios se movieron, pero yo estaba sumergida en mi propio dolor, incapaz de escuchar una sola palabra que pudiera salir de su boca.
Mi mente estaba nublada por la ira y el dolor. Cerré los ojos con fuerza, apretando los puños, sintiendo la rabia inundarme por completo.
—¡Vete de aquí! ¡Fuera! ¡No quiero verte! ¡Vete! ¡Eres un maldito monstruo! —grité con todas las fuerzas que me que