Armando y yo nos vemos a la cara aterrados, es decir podemos manejar negocios millonarios, pero un niño, un niños son cosas mayores.
Subimos al auto y allí comienzo a golpearlo con la cartera
—¡Todo es tu culpa!. —Chillo, con ganas de lastimarlo, obvio participe haciendo el bebe, pero en este momento no tengo ganas de admitirlo.
—Y asumiré mi responsabilidad. — Dice el quitándome la cartera y lanzándola Al asiento trasero
—¡No tienes que hacerlo, no confió en ti!. — Grito, el boquea con gan