ARYA
Termino de beber mi quinto chupito y me siento más relajada, Tyler ríe, bebe conmigo aunque arruga su expresión cada que lo hace, no le gusta el sabor amargo, solo lo hace porque es un buen amigo. Esa es la clase de chico de la que debería estar enamorada, pero no, en lugar de gustarme el príncipe, me gusta el sapo.
Me he obligado la siguiente hora a no voltear a verlo. Hago un enorme esfuerzo casi sobrehumano. Al final, lo busco con la mirada más discreta que tengo hasta que lo localizo.