Ser despedida ya era una mancha en su carrera profesional, y si a eso se le añadía un historial de prisión, no podría esperar encontrar trabajo en el futuro.
Emilia se agachó, levantó a Susan con una expresión de compasión en su rostro, pero con una mirada venenosa: —En la cárcel, asegúrate de reformarte bien. Recuerda qué decir y qué no.
Después de hablar, elevó su voz: —Susan, has estado conmigo tantos años, ¿cómo pudiste ser tan tonta? Ah, cuando salgas, si te has reformado, definitivamente t