Detrás de las grandes puertas de la catedral más emblemática de Londres, una hermosa chica de cabello dorado y con un exquisito vestido blanco se erguía con gracia, sosteniendo su ramo.
Su vestido estaba diseñado con toques color piel, bordado con enredaderas, hojas y motivos florales. El vestido abrazaba su cuerpo con elegancia, mientras que de las rodillas hacia abajo el vestido de corte sirena fluía libremente hasta sus pies.
A través de su reluciente velo, se podía ver la felicidad en sus