Sin embargo, ahora los sirvientes la vigilaban de cerca y era casi imposible salir para continuar la investigación.
Xu Yingxi dio vueltas en la cama toda la noche.
A la mañana siguiente, ella aún estaba un poco aturdida durante el desayuno. Cuando oyó que Jin Beichen se marchaba, se levantó obedientemente y lo acompañó hasta la puerta.
Cunado llegaron a la entrada, sonó el timbre.
“Señorita”. El mayordomo abrió la puerta y saludó respetuosamente a la persona.
Jiang Wanqing llevaba un vestid