Jiang Sese llevaba unos días en el hospital y su herida se había recuperado bien. Los médicos le permitieron volver a casa para descansar.
"Sese, cuando vuelvas, llama a las criadas si necesitas algo. No lo hagas tú misma, ¿está bien?", le dijo la Señora Jin mientras hacía las maletas.
Jiang Sese se rio sin poder evitarlo. "Mamá, no te preocupes. No soy una niña".
"A mis ojos, sigues siendo una niña. Fengchen, Fengyao y Wanwan son todos niños". La Señora Jin la miró malhumorada.
Jiang Se