Enza pasó por las grandes puertas y descendió las escaleras, ansiosa por reunirse con Hamil y Arik. Pronto comenzó a disminuir el paso, convencida de que la estaban observando. Echó un vistazo a los guardias armados que estaban cerca del gran portón y reprimió un escalofrío. El sol brillaba tan intensamente que sentía que su piel diáfana estaba a punto de derretirse. Convencida de que encontraría ayuda con Arik, rodeó el gran jardín para dirigirse hacia los establos. Cada paso que daba le parec