Esta confidencia la dejó sin aliento. A primera vista le costaba admitirlo, pero rápidamente el hombre se apresuró a agregar:
— Come, se enfriará —le aconsejó mientras se enderezaba en la silla, visiblemente tenso.
Enza entendió que era mejor no decir nada, ya que parecía haber superado su límite de confidencias para la noche. Ahora le correspondía a ella tomar la decisión que marcaría un gran giro en su vida. Por el momento, Enza no quería pensar en el futuro. En cambio, deseaba aprovechar est