Rheon venía directo a mi garganta.
Lo vi todo a la vez, en capas.
Primero, el cuerpo del hombre que conocí alzándose en el salto: hombros anchos, músculos entrenados, la silueta que un día había sido refugio y ahora era amenaza. Luego, el estallido del lobo bajo su piel: huesos que crujieron al cambiar, su pelaje oscuro cubriéndole los brazos, sus manos que se abrieron en garras, sus colmillos alargándose con una rapidez que habría sido hermosa si no viniera cargada de odio.
Mi cuerpo recordó o