El aullido de Ashen se apagó en la distancia, pero el eco se quedó clavado en el pecho del clan.
Nadie se movió durante un parpadeo eterno. Después, todo ocurrió a la vez.
—¡Perímetro este! —rugió Rheon, la voz cargada más de rabia que de liderazgo—. ¡Quiero a todos los guardias de la segunda línea ahí, ahora!
La orden se extendió como un latigazo. Varios lobos de la periferia reaccionaron de inmediato, tensando músculos, girando hacia el este. Algunos se lanzaron a la carrera sin esperar más d