Descendimos de la cresta rocosa al amanecer. Cada paso que nos acercaba a Encrucijada Gris se sentía como un paso hacia las fauces abiertas de una bestia. El aire limpio y seco de las Tierras Yermas fue reemplazado progresivamente por una neblina densa, un miasma de polvo, humo de fogatas que quemaban excrementos secos como combustible y el hedor inconfundible de demasiados seres vivos —humanos, lobos y otras criaturas que no pude identificar— hacinados en un espacio demasiado pequeño.
Encrucij