207

Por un momento, nadie respiró.

El nombre que Rheon soltó en el aire —mi nombre— pareció quedarse suspendido sobre el claro como una hoja que se niega a caer. Naira. No fue un susurro incrédulo. Tampoco un rugido de guerra. Fue algo en medio, tenso, quebrado, como si su propia voz no terminara de aceptar lo que estaba viendo.

Yo no me moví.

Si algo había aprendido de Ashen era esto: en ciertos momentos, el primer movimiento no es físico. Es quién controla el silencio.

Dejé que el silencio fuera
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