Capitulo 2|Sin respuestas

NATALIE

El día era soleado, perfecto para ese helado de chocolate que deseaba comer mi hijo. Era la única forma de hacerle olvidar el mal rato que paso en la mañana a la hora de clases, mi propósito y mi interés siempre era hacerlo sonreír y que no pensara en cosas malas que pudieran dañar su inocencia.

Cuando llegamos al lugar bajamos del auto para ir a comprar el helado favorito de Dorian, después de eso salimos y caminamos en dirección al parque que se encontraba a una calle del establecimiento.

Llegamos a una banca y tomamos asiento. Dorian estaba muy concentrado comiendo de su helado.

― ¿Te gusto tu helado? ―inquiero una vez que nos acomodamos.

Solo asiente para responderme sin dejar de degustar su postre.

―Mami ―me llama, pero sin apartar la mirada de la bola de chocolate.

― ¿Qué pasa cariño?

― ¿Por qué mis compañeros tienen papá y yo no? ―este tema le provoca tristeza, lo puedo ver en sus ojos ―Ellos dicen que soy huérfano, porque no tengo un padre.

Me quede completamente muda al escuchar esa pregunta que he estado evitando todo este tiempo. Ver a mi hijo con sus ojitos llorosos en ese momento cuando otros niños lo lastimaron con sus palabras crueles, me dolió hasta el alma.

Y ahora me hacia esa pregunta que tanto temía responder, no quería mentirle, pero no tenía otra opción. Pero detrás de esa mentira había una verdad cruel, una que solo le ocasionaría dolor, y mi deber era protegerlo aunque tuviera que meterlo en una burbuja de cristal para hacerlo, no importaba por cuanto tiempo si tenía que ser por el resto de su vida, lo haría.

― ¿Y ellos que van a saber de eso? ―respondí, trate de hacerlo tranquilamente. Debía ocultar mi preocupación porque sé que él podría notarlo. Mi hijo era demasiado inteligente para su corta edad.

― ¿Eso quiere decir que si lo tengo? ―se gira hacia mí, quitando toda la atención de su helado. Ahora sus ojitos están solo fijos en mi rostro ― Mami ¿Tengo papá? ¿Dónde está?

¡Demonios! Como mentirle a esa mirada tierna e inocente. Soy la madre más cruel del mundo, y el creyendo que era la mejor, el día que lo descubra se llevara una gran decepción. Pero aun así no puedo confesarle el secreto que he cargado estos seis años, no puedo y no debo.

¿Ahora que se supone que tenga que responder? No estaba preparada para esto. Todos estos años pensé en que podía decirle si llegaba este día, pero nunca logre tener una respuesta. Era muy difícil mentir, y más cuando se trataba de la persona que más amabas en el mundo.

― ¿Recuerdas te dije que no todos necesitamos un padre o una madre, a ambos juntos para ser felices y sentirnos amados?

Con su mirada fija en la mía asiente, y después la retira para bajar su cabecita.

―Recuerdo que haz dicho que abu no solo es tu padre, si no también tu mamá, después que abue se fuera al cielo.

―Así es mi amor ―acaricio su cabeza, sigue con la mirada fija en el suelo ―Tu abuelo también es como un padre para ti, él te ama demasiado.

Vuelve asentir, se queda por unos segundos en silencio en esa posición. Una vez que decide verme su tristeza desaparece, dejándome ver de nuevo su hermosa sonrisa.

―Tienes razón, tu eres ambos y con eso es mucho ―se arroja a mis brazos, y lo recibo con regocijo ―Te amo mami, eres la mejor.

No sé porque esas palabras me hacían sentir mal, en vez de sentirme agradecida por tener un hijo que me adoraba. En el fondo sabía que nada de esto era cierto, yo no era la madre buena que él creía, le escondía muchas cosas y el dolor y la decepción de mi misma me deprimía cada vez más. Si mi hijo sufriera nunca me lo perdonaría.

Mi móvil timbro dentro de mi bolso, me apartó de mi pequeño para ver de quien se trataba. Le había dicho a Kris que no quería interrupciones hoy por la tarde, quería dedicarle el resto del día solo a mi hijo.

Al ver la pantalla miro que se trataba de mi Mali. Sin pensarlo dos veces respondo de inmediato. Después de que mi padre sufriera su último infarto ya no estaba bien de salud y por ello estaba al pendiente de él, el mayor tiempo posible.

―Mali ¿Sucede algo? ―contesto rápidamente.

―No mi niña, todo está bien, bueno eso creo.

― ¿Qué quieres decir? ¿Papá se puso mal?

― Abu ¿Qué le pasa a abu? ―pregunta Dorian, preocupado.

―Nada cariño, el abuelo esta bien ―intento tranquilizarlo ―Mira, porque no vas mejor al columpio, ya haz terminado tu helado, puedes ir a jugar si quieres.

Sin pensarlo mucho asiente y se levanta del asiento de un brinco para salir corriendo directo al área de juegos.

Lo que menos quiero era preocuparlo por cosas que no debía, iba a cumplir 6 años y era muy pequeño para darse cuenta de muchas cosas que pasaban a nuestro alrededor.

―Ahora si dime ¿paso algo? ―vuelvo al móvil para hablar con Mali, seguía esperando.

 ―Arthur a pedido que vengas a verlo.

― ¿Se siente mal? ¿Le duele algo? ―inquiero de nuevo.

―No, bueno al menos no es de salud. Lo noto muy preocupado.

― ¿Preocupado? ¿Es por la asociación que estaba buscando? Dile que no se preocupe, yo resolveré eso, si no es con ellos buscaremos otros socios.

―Es que no es solo eso.

― ¿Entonces? ¿Te dijo algo más?

 ―No, y no me lo dirá, lo conozco demasiado y sabes que todo se guarda. Sera mejor que vengas y hables con él. Sé que es algo más lo que le preocupa y temo que recaiga por guardarse muchas cosas.

―Esta bien Mali, tu tranquila. En media hora estoy allá ―me despido y finalizo la llamada.

En cuanto guardo el celular en mi bolsa, me pongo de pie para ir por Dorian. En donde me encontraba sentada tenia visualidad de él, pero no ya no era posible verlo en donde estaba antes. Camino directo a esa área buscándolo por todos los juegos, quizás se esta escondiendo en uno de ellos.

― ¡Dorian! ―lo llamo en voz alta. Comienza a preocuparme cuando no lo encuentro por ningún lado y no responde a mis gritos.

Desesperada me retiro de allí para buscarlo alrededor del parque, las personas que van pasando les pregunto si lo han visto y se los describo.

No me pude estar pasando esto a mí, no mi bebé. Solo fue unos segundos que quite la mirada de donde estaba y desapareció inesperadamente. No tengo cabeza para buscar ayuda o hacer otra cosa que no sea buscar a mi hijo, debo seguir.

Sigo contantemente gritando su nombre, sin importarme que los demás me vean como una loca. No lo veo por ningún lado y siento como el mundo se derrumba sobre mí. Esta angustia, este temor de que algo malo le haya pasado, me hace sentir una presión en mi pecho.

Continúo buscándolo. Vuelvo al área de juego, con la idea de que el haya regresado o nunca se haya ido. Entre tantos niños es difícil hallarlo pero me guio por la apariencia de mi hijo. A lejos veo una cabellera rizada y rubia, con un suéter color azul como el que traía puesto Dorian.

―Es el, debe serlo ―murmuro.

Corro directo hacia ese pequeño que esta despaldas hacia mí. No me detengo y en eso escucho su risa, es él. Se gira y lo veo sonriendo.

― ¡Mami! ―vocifera contento cuando me ve.

Al llegar a su lado lo abrazo con desesperación.

― No vuelvas apartarte nunca de mi ―lo estrujo a mi pecho ―Lo siento, estaba asustada ―trato de tranquilizarme, no quiero asustarlo.

―Estoy bien mami, solo camine un poco y me perdí.

―Promételo que no lo volverás hacer, nunca mas te alejaras ―tomo su pequeño rostro para verlo directo a los ojos ―Promételo cariño.

―Lo prometo, soy un caballero de palabra. Tu misma me haz enseñado ―levanta su mano en promesa, cuando normalmente me promete algo hace eso.

― ¡Oh mi vida! Sabes que eso eres, mi vida entera ―lo abrazo y lo lleno de besos ―Me asuste demasiado.

―Mamé tranquila, estoy bien. Hay que agradecerle a mi nuevo amigo, él fue el que me ayudo a volver ―se aparta.

― ¿Nuevo amigo?

―Sí, el. Aun no se su nombre, estaba por decírmelo antes de que llegaras ―señala detrás de mí.

No me había percatado de que alguien estaba presente a lado nuestro. Me enderezo para levantarme, al voltearme hacia ese hombre me quedo congela.

No puede ser, no ahora.

―Hola Natalie, tanto tiempo sin vernos ―revela.

Siento un nudo en la garganta y paso saliva, asombrada sin parpadear y sin decir una palabra solo me quedo viéndolo.

―Tu ―susurre. Y en eso siento como si el suelo se moviera, me tambaleo ―Debemos irnos ―le digo a Dorian, tomo de su mano.

Pero sin poder dar otro paso me vuelvo a marear y me detengo en seco. En eso siento como alguien me sostiene del brazo.

― ¿Estas bien Natalie? ―vuelve a pronunciar mi nombre.

No por favor. El pasado no puede volver, mucho menos ahora.

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