Cosas de ricos

En ese momento fue que a Maia se le ocurrió recostar su cabeza en el cuello de Kader, nunca en su vida había agradecido tanto el tener la estatura que tenía. Gracias a eso encontró otra forma de infundirle dolor a su antiguo asaltante. Sin dudarlo acercó su boca a su cuello y lo mordió sin compasión. Ante el dolor Kader terminó agachando la cabeza para callar su quejido, ¡Lo estaba mordiendo, por dios! Eso ya se había ido demasiado lejos.

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