Narrador-omnisciente.
Esa noche, no había llovido como siempre en Londres, había una luna llena en el firmamento y un agradable clima.
Adrian y Chelsea salieron de la mansión, trataron de cuidar sus modales hasta el último instante, pero no podían negar que los últimos escalones los bajaron de prisa y que, subieron al auto de forma veloz. Cómo si algo los estuviera persiguiendo. Sí, sus ganas de huir de ese lugar de locos.
Sonrieron cómplices, se habían tomado unas copas y eran jóvenes.
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