3. Estás bien chiquilla?

Recostado en mi habitación recuerdo ese momento. Tenía que adelantar una entrega muy importante y se me pasó el tiempo. Cuando salí era avanzada la noche. Analí estaba tirada en el piso tomándose el tobillo con las manos. Cuando me vio extendió la mano y me pidió ayuda. Tenía el pie muy hinchado. No podía caminar. Fui por mi auto y la ayudé a incorporarse. La llevé a urgencias donde descartaron una fractura y después a su casa. Pasamos un buen par de horas platicando. Me contó que le caía mal porque unas chicas de finanzas le dijeron que yo era el soltero más codiciado de todo el edificio, renuente al compromiso y un casanova, sí, así le dijeron, el casanova de todo el edificio. Hazme el favor.

Sí es cierto que en ese tiempo yo tenía relaciones efímeras de vez en cuando, pero por lo general, prefería salir de fiesta, pasarla bien y no comprometerme con nadie. Sabía que eventualmente llegaría una chica con la que sí asumiría un compromiso, pero no tenía prisa ni la estaba buscando. Llegaría cuando tuviera que llegar. Y llegó Analí.

Cómo nos reímos esa noche. Yo no quería irme de ahí pero los dos debíamos descansar. Después de ese día nos llevamos cada vez mejor.

Cuando ella se fue, me tomó mucho tiempo aceptarlo. Finalmente, después de dos años, ya no pensaba en ella tanto como antes. Hasta ahora.

La chica del café viene a mi mente. Su recuerdo me llena de, me llena de una calidez que no reconozco. Me quedo dormido con ella en el pensamiento.

***

El hombre atractivo toma mi mano y me jala hacia él. Coloca sus brazos alrededor de mi cintura y acerca su rostro al mío. Miro sus labios entreabiertos y siento su aliento mentolado acercándose a mi. Nuestros rostros están muy juntos. Su nariz roza la mía en un baile erótico que me provoca mariposas en el estómago. Cierro los ojos y espero el tan ansiado beso, que no llega.

Me despierto desconcertada, ansiosa, decepcionada, enojada y deseosa de verlo. Todo eso.

- Qué diablos me está pasando? -

Me incorporo con la insatisfacción en el rostro. Ya me urge que sea viernes. Iremos a la re inauguración de un antro que conocemos y aunque detesto la idea de estar con Edgardo, quizá sea la solución a mis problemas. Un polvo que me saque de la cabeza a ese hombre atractivo. Sí, eso necesito. No he estado con nadie desde, desde Raje pero creo que ya es momento de volver al ruedo. Un polvito que te quite la comezón, nena. Sonrío ante tal pensamiento. Eso es algo que mi madre nunca diría.

Pero, Edgardo no me dejaría en paz. No, definitivamente no con él. Un polvo es un polvo, diría Estela pero prefiero seguir sin acción antes que soportar a Edgardo por los próximos, mil años.

Me levanto, como siempre, con prisas y entro a bañarme.

Comienzo a familiarizarme con mi nueva “habilidad”, siento un mareo iniciar en la boca del estómago y subir gradualmente hasta mi cabeza.

“ Él detiene el ascensor en el último momento. Sonríe cuando me ve y se coloca a mi lado. Siento un cosquilleo en el estómago. Nuestros cuerpos se van juntando cada vez más con la gente que va subiendo en el recorrido. El roce de su mano en la mía me hace temblar. Es hora de aceptar que estoy colada por él. “

Cuando termina, salgo de la ducha y busco una libreta. He decido llevar un diario de mis “visiones” así las llamo por el momento. Si quiero entender qué esta pasando necesito analizar muy bien las cosas que veo.

El timbre del teléfono me saca de mis pensamientos. Estaba tan concentrada anotando que me sobresalto . Es mamá. Me habla de vez en cuando porque, dice que, si no, yo no lo hago. Cuando decidí venirme a la ciudad, aún contra sus deseos, ella se enojó mucho conmigo. Ahora estamos bien.

Hablamos por un largo rato. Creo que haré planes para visitarla. Hace mucho tiempo que no voy a verla. Mis próximas vacaciones las pasaré todas con ella. Ya me hace falta.

***

Ella está sobre mi, moviéndose rítmicamente. Su desnudez llena mi visión. No logro ver su rostro, pero sé que es ella, mi amada Analí. La tomo por las caderas y la muevo con firmeza sobre mi erección a punto. Acerca su rostro al mío y me susurra cosas que no logro entender mientras se mueve cada vez más rápido. No trato de entenderla, simplemente quiero que lleguemos al orgasmo que tanto necesito. Pero ella sigue hablando. Me susurra cosas como si estuviera rezando una letanía. Cuando levanta su rostro, la chica del café me sonríe con descaro mientras llega al clímax gritando guturalmente.

Me despierto con una erección monumental que me duele por la necesidad de descargar. Muevo mi mano frenéticamente para aminorar el dolor y, nuevamente en solo dos días, ensucio mis sábanas con mis fluidos.

Me levanto contrariado, frustrado, insatisfecho, confundido y deseoso de verla. Todo eso.

Soñé con Analí y había pasado mucho tiempo desde que no lo hacía. Aunque no vi su rostro, sé que era ella. La sentí. Pero también era la chica del café, verla llegar al orgasmo fue fantástico.

Desde que Analí se fue no había vuelto a mirar ni a pensar en ninguna otra mujer. Mi corazón cerró esa puerta. Hasta ahora, que no me puedo sacar a la chica del café del pensamiento y ahora se cuela también en mi sueños.

- Qué diablos me está pasando? -

Me ducho pensando en las cosas que me están sucediendo. No entiendo nada. Lo único que sé es que la chica del café es la clave de esta situación. Necesito verla y hablar con ella.

De pronto una imagen comienza a formarse enfrente de mi. Pierdo de vista el agua que cae sobre mi cuerpo y una sensación de inquietud me inunda.

“Hay tanta gente en el ascensor que estamos muy juntos. Mis dedos rozan los suyos y se me erizan los vellos de la nuca. Giro la cabeza para verla y está sonrojada. Sonrío y ella baja los ojos rápidamente. No quiero que lleguemos a mi piso pero el color magenta se va acercando cada vez más y más y más. “

Cuando termina, siento nuevamente las gotas de la ducha caer sobre mi. Salgo del baño envuelto en la toalla.

- Por qué? Por qué estoy teniendo estos recuerdos de Analí? Por qué ahora? Ese día supe que ella también sentía algo por mi. Cuando llegamos a mi piso, tomé su mano y la oprimí suavemente como un manifiesto de mis sentimientos. Cuando las puertas se abrieron le di un beso fugaz en los labios y salí de ahí con el corazón exultante de felicidad.

Pero no puedo evitar preguntarme quién es la chica del café? Ella desencadenó estos recuerdos? Y si es así, por qué?

***

Ha sido una mañana muy ajetreada. Salimos de asear una sala cuando ya nos están enviando a otro salón y luego a otro piso. Parece que vienen peces gordos en alguno de los pisos importantes, es decir, los de más arriba.

Este edificio alberga distintas ramas de servicios en cada uno de los 28 pisos que tiene. Mi piso favorito, obviamente, es el de los contadores. Gente seria, limpia y ordenada, pero sobre todo, gente mayor que no critica ni juzga.

He estado en todos los pisos, el de los publicistas también me gusta, no por la gente sino por lo que hacen ahí. Asear sus salas es un deleite de cultura visual que a mi me encanta, aunque generalmente se trate de jóvenes presumidos, desordenados y superficiales.

Estela prefiere el de los abogados, gente bella, bien vestida y culta, dice ella.

En fin que, afortunadamente me han enviado al piso de los contadores. Al parecer, esperan a uno de los socios grandes y la sala y sus alrededores debe estar impecable.

Terminamos justo a tiempo. Los contadores comienzan a llegar y yo me apresuro para sacar todos mis implementos.

Me dirijo al ascensor de servicio que está un poco más alejado cuando las puertas del ascensor ejecutivo se abren y salen un par de hombres justo frente a mi.

Me paro en seco al ver al hombre de avanzada edad, siento un miedo atroz al verlo, un miedo que me provoca un escalofrío mortal y tengo que retraerme un poco. El hombre se da cuenta de mi desconcierto y me pregunta

- Estás bien chiquilla? - me dice el anciano extendiendo una mano hacia mi hombro.

Instintivamente doy un paso atrás para evitar el contacto. No puedo quitar mi vista de él. Siento una opresión en el pecho que no me deja respirar.

Comienzo a hiperventilar y gruesas lágrimas salen de mis ojos silenciosamente pero permanezco estática, paralizada por el miedo.

El hombre a su costado da un paso al frente para acercarse. Cuando lo veo, mi corazón oprimido se alivia un poco. Extiende la mano para tocarme pero el miedo es mayor y finalmente mi cuerpo reacciona y obedece a mi necesidad de salir de ahí.

Tomo todas mis cosas y corro hacia el ascensor de servicio más adelante.

- Espera - escucho al hombre atractivo tratando de que me detenga. Volteo para ver su rostro confundido y cómo el hombre mayor lo detiene diciéndole algo.

Llego a mi locker con el corazón en un puño. Me desplomo en el piso con la cabeza entre las manos llorando descontroladamente.

Trato de controlar mi respiración dando fuertes aspiraciones de aire y sacándolo lentamente. Me voy tranquilizando poco a poco. Sentí mucho miedo, muchísimo miedo de ese hombre que nunca en mi vida había visto. Ni siquiera aquí, en el trabajo. No entiendo qué me está pasando. Golpeo con el puño el piso y el dolor que me provoca sirve para que me tranquilice un poco más.

Saco mi libreta de las visiones y anoto: “nueva experiencia: miedo irracional hacia un extraño, esa sensación de miedo fue tan grande que no percibí la cercanía del hombre atractivo. El hombre atractivo lo conoce. Trabaja aquí o por qué estaba en el piso de los contadores ?

***

Mi padrino viene hoy. Desde que se retiró lo veo poco. Fundó, junto con su amigo de la universidad, el bufete de contadores “Olvera-Smith” Su bufete de contadores está en el piso 25.

Tenemos una relación muy cercana, cuando mis padres murieron, él me apoyó en todo momento. Fue como un padre para mi. Cuando Analí se fue y me sumí en la depresión, siempre estuvo a mi lado.

Cada vez que viene, aproximadamente una vez al mes, aprovecho para pasar el día con él, son las únicas ocasiones en las que lo hacemos.

Cuando se abre el ascensor, el estremecimiento ya familiar me recorre. Alzo la vista y ahí está, la chica del café. Parece que no me ha visto. Mira fijamente a mi padrino con ojos asustados mientras caen lágrimas? Por su rostro. Mi padrino le pregunta si está bien pero ella se echa para atrás evitándolo. Me adelanto para que me vea. Quiero hablar con ella. La última vez huí cobardemente. Ella me mira por un segundo y después sale de ahí a toda prisa.

- La conoces? - pregunta mi padrino curioso.

- No, si, ahhhhh. No lo sé. En realidad, no. -

Me mira cariñosamente y mueve la cabeza de un lado a otro.

- Ahhh, estos jóvenes. La conoces o no la conoces, es así de simple -

- Es una historia muy larga, padrino. Algún día te contaré cómo termina. Espero -

Se detiene y me hace una seña para que haga lo mismo.

-Ya es hora de superarla. Nunca sabremos porqué Analí se fue sin decir nada pero no puedes seguir esperando que regrese. Si esta chica te interesa, ve a por ella. No sigas perdiendo el tiempo. -

No digo nada. Aunque quisiera decirle lo que me está pasando, no es el momento ni el lugar. Y, no lo entendería, estoy seguro.

- Carajo, quisiera tener tu edad. Yo andaría no con una ni con dos, sino con todas las mujeres que se me antojara. Créeme- me dice posando su mano en mi hombro - aprovecha tu juventud y vive. Tan rico que es el se#o -

No respondo. Nunca he sido un hombre promiscuo, creo en el amor y pensé que Analí sería la mujer con la que pasaría el resto de mi vida. Cuando ella se fue, me quede sumido en un estado de desesperación que casi acaba conmigo.

El problema no es que me dejara, sino cómo lo hizo. Simplemente se fue, sin una explicación, sin un adiós. Simplemente desapareció.

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