Y en ese vivir que ya no se organizaba alrededor de metas visibles, comenzaron a surgir momentos que no pedían ser interpretados, pero que, sin embargo, dejaban una marca.
No como recuerdos destacados.
Sino como capas.
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Camila lo percibió en una tarde en la que la galería estaba llena, pero en silencio.
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No era un silencio impuesto.
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Tampoco incómodo.
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Era un silencio compartido.
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Las personas se movían lentamente.
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Algunas observaban los dibujos.
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Otras simplemente estaban