—El otro día estaba en Sudáfrica por negocios y oí algo. El cerebro del ataque terrorista en Sudáfrica, Oster, no está muerto. Se dice que ha sido gravemente herido y ha estado escondido.
Hernán no esperaba que Oster sobreviviera a la explosión.
—Me gustaría encontrarlo, pero hasta ahora todo lo que sé es que se esconde en una isla en algún lugar del Pacífico.
—¿Sí?
Francisco apretó los puños y controló su ira。
—¿Qué hace Augusto últimamente? —preguntó Francisco.
—¿Él? —Hernán se rio—. Par