Tragué saliva con dificultad al escuchar el relato sincero de Nicolás. Mi mirada se desvió lentamente hacia Javier, que se contenía para no sonreír; parecía muy satisfecho al ver cómo me encontraba acorralada, lo que, por supuesto, me enfadó mucho.
—Mmm… es porque aún no tengo hambre. Sí, lo siento, es solo que aún no tengo hambre —respondí con una excusa, intentando salvar mi dignidad.
—Pero ¿no es que tú tampoco has comido nada desde hace rato? —interrumpió Nicolás de nuevo con total inocenci