Después de besar su frente, Clara se fue y cerró la puerta suavemente. Padre e hijo abrieron los ojos al unísono.
Los ojos de Claudio estaban llenos de lágrimas. —Papá, ¿de verdad no puede quedarse mamá?
—Lo siento. —Diego mostraba una expresión de tristeza en sus ojos.
Una vez que Clara salió por la puerta, el viento frío del exterior le cortó la cara como cuchillas, haciéndola sentir mucho dolor.
Como había dicho Diego, todo ya estaba preparado.
—Señora, el avión está listo para usted. Puede p