Aquellas palabras cayeron ligeras en el oído de Clara, y su rostro se volvió tan rojo como un fuego en la oscuridad de la noche.
Al principio, ella solo pensó que si él la abrazaba, se quedaría dormida obedientemente, por lo que no puso resistencia. Pero quién iba a saber que luego él se atrevería a ir más allá de lo permitido.
Si no se hubiera resistido antes, sin duda alguna se consideraría como una aprobación tácita. Ahora no podía fingir estar dormida, y tampoco podía reprender a Diego. Se e