El guardaespaldas corrió hacia Paloma rápidamente y finalmente logró agarrar su mano.
—Señorita, no nos pongas en un aprieto. Si mueres, no podremos darle cuentas al jefe Herrera.
—¡Bah! Mientras no tenga moral, no podrán secuestrarme. Cuando esté muerta y me convierta en un fantasma vengador, buscaré a Yannis y a todos ustedes, bola de lacayos despreciables.
La voz de Paloma era fuerte, no parecía una persona desesperada.
—Chico, será mejor que no estés solo por la noche, o después de mi muerte