—No muerdas, me dolerá de tu sufrimiento.
En la mente de Clara pasó una imagen, al principio ella y Diego no tenían experiencia en esto.
Sentían que hacer ruido era algo vergonzoso, así que cada vez ella mordía sus labios y se negaba a emitir sonido alguno.
Hasta aquel día, cuando el hombre la levantó por detrás, apoyando su cuerpo en el suyo y susurró esas palabras en su oído.
Clara recordaba que esa noche fue salvaje.
En este momento, ella no sabía cuán seductora se veía, con sus ojos cubierto