Estas palabras sonaron especialmente discordantes, pero ella no tenía otra opción.
La mano que lo detenía tuvo que soltarse, y Diego ya estaba metiendo la mano bajo su abrigo. Debajo llevaba un jersey, debajo del jersey estaba el chaleco y debajo de este aún había una capa térmica.
Él frunció el ceño y preguntó con confusión: —¿Eres una anciana? ¿Por qué llevas tantas capas?
Clara se sonrojó y mordió su labio mientras respondía: —Tengo frío.
Diego pronto se dio cuenta de una cosa: a pesar de lle