Clara no solo no mostró ninguna molestia, sino que se mostró tranquila y segura, formando un marcado contraste con la mujer en el suelo.
En el instante en que se cerró la puerta, Alicia pareció entender por qué Diego podía gustarle.
Pero ya era demasiado tarde.
La puerta la aisló de su desgarrador lamento.
No había un futuro para ella. Había sacrificado con sus propias manos un matrimonio y a un hombre que alguna vez le había sido bueno.
De vuelta en el coche, Diego aún no soltaba la mano de Cla