El sonido molesto resonó en sus oídos, y Clara ni siquiera quería voltear.
Ezequiel notó su disgusto por ser llevada a la fuerza y agarró su muñeca para llevarla consigo.
—¿Qué haces? Puedo caminar sola.
Ezequiel la condujo hasta su habitación principal, una habitación espaciosa de unos doscientos metros cuadrados.
El suelo estaba cubierto de una larga alfombra blanca, y la decoración de la habitación era tan lujosa como todo el palacio, con muchos cuadros colgados en las paredes.
Considerando l