Diego tenía la cabeza llena de recuerdos de cada detalle de aquel día con Clara, y un pensamiento surgió en su mente.
Si eso no fue un sueño, sino algo real que ocurrió...
¡Entonces la mujer frente a él era Clara!
Solo con ese pensamiento, Diego se emocionó tanto que su sangre comenzó a hervir.
Clara sostenía un estetoscopio y escuchaba su corazón.
Arrugó el ceño y murmuró para sí misma: —¿Por qué late tan rápido?
Le cubrió con la manta, se sentó en una silla y sacó uno de los brazos de Diego.
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