Amelia
Al ver la cantidad de sangre que salía de su mano corrí hasta donde estaba él, no podía creer lo que estaba pasando.
Jacob se hace en el suelo, con la mirada perdida, lo agarré en mis manos y puse una manta cubriendo la herida.
—¿Qué sucedió? —le cuestioné, él soltó una sonrisa agría.
—Me resbalé y caí sobre las botellas, fue un accidente tonto, incluso tan tonto como yo. —Él bajó su cabeza y limpia sus lágrimas.
—No puedo creer que hayas hecho eso, ¿por qué lo hiciste? —le pregunté, c