“P*rra, ¿¡qué dijiste!?”.
Era inesperado que Sotiria, una debilucha y una don nadie, dijera cosas tan arrogantes como si se hubiera convertido en alguien más que ella misma. La mujer miró a Sotiria con incredulidad.
Sotiria se rio entre dientes. “¿Eh? ¿No solo tu boca está sucia, sino que tus oídos también? ¿No pudiste escuchar lo que te acabo de decir?”.
“¡Tú!”. La mujer temblaba de pies a cabeza. Si esto hubiera sucedido en el pasado, si Sotiria se hubiera atrevido a hablarle de una manera