“¡AYYY!”.
Se escuchó un fuerte grito que sonaba como el chillido de un cerdo.
Ese grito no había surgido de Charlotte sino de Tiffany.
Jebediah la había pateado con firmeza al suelo justo cuando ella había levantado su cuchillo para apuñalar a Charlotte.
Tiffany yacía en el suelo, mirando a Jebediah en agonía. “La odias tanto como yo. Matarla nos beneficiaría a todos. ¿Por qué me detuviste?”.
“¡Porque no la seguiré a la tumba como tú!”.
Los ojos de Jebediah se volvieron fríos y parecía el