Ella no pudo evitar sonreír.
“No me importa por qué lo hiciste. Estoy muy agradecida”.
“¿Ah, en serio?”.
La mirada de Zachary se volvió aún más fría.
“Has perdido el bebé de tu amante. Debes estar sufriendo, pero te obligaste a sonreír. ¿No estás cansada?”.
La sonrisa en el rostro de Charlotte se congeló como si le hubieran vertido un balde de agua helada en la cabeza.
“Si quieres llorar, adelante. No te detendré”.
Zachary resopló y empezó a caminar como si fuera a salir de la sala.
Char