Charlotte tardó un rato en calmarse antes de recuperar su voz.
“Eres despreciable, Elizabeth. Ya es bastante malo que hayas matado a Renata, pero ni siquiera pudiste dejar ir a su padre”.
“¡Sí, soy despreciable! Tú y esa p*rra de Renata me forzaron a hacer esto. ¡Tengo que serlo!”.
Elizabeth, que ahora parecía trastornada, le dio a Charlotte una fuerte patada en la pierna. Sus ojos claros estaban inyectados en sangre, como llamas parpadeantes.
“¿Sabes, Charlotte? Antes de que expusieras a mi