CAPÍTULO OCHENTA Y SEIS
Llegaron a la casona de Adele.
Emily bajó a sus pequeños del vehiculo, que entraron corriendo por el caminito de piedra para tomar sus juguetes que estaban esparcidos sobre el césped verde.
La alemana estaba en la puerta de pie, moviendo una de sus piernas de forma ansiosa y de brazos cruzados. La maleta de ruedas seguía a su lado que llegaba a la altura del short de mezclilla corto que llevaba.
—¡Por fin la bruja llego! —exclamó Adele dirigiéndose a Marie—. ¿Qué le p