Mundo de ficçãoIniciar sessãoLas mejillas de Emely se ruborizaron.
—Lo hice sin pensarlo —confesó con tono triste.
—Dejaste muchas de tus cosas en la casa.
—No eran del todo mías.
—Claro que sí, ¿qué puedo hacer con cosas de mujer? —Ian dejó salir una pequeña risita.
—¿Venderlas?
—Claro que no podría vender tus cosas, son tuyas. —La observó fijamente a los o







