Capítulo 38. Cerrando un ciclo.
Me mira sacado de onda,traga en seco,su manzana de Adán se mueve en forma brusca.
—¿No era ésto lo que deseabas?—muevo las manos señalando mi cuerpo.
Su voz es quejumbrosa,aunque no se atreve a admitirlo le duele mi frialdad.
—De eso modo no quiero—
Me acaricia con la mirada y luego se aparta de mí.
Me siento en la cama y él me observa de pie.
—Yo no voy a permitir que tú amargues mi vida.
¿Por qué dices eso?
—Simple,si lo que quieres es poseer mi cuerpo a la fuerza,¡adelante!.
—¡Eres mía luna