Resoplo con fuerza y me siento en la orilla del acantilado, la ciudad queda en una parte elevada y esto nos es de mucha ayuda, ya que podemos ver lo que nos depara más allá del horizonte. Meso mis pies como si fuera una niña pequeña y después giro mi rostro hacia Reese, que se sienta a mi lado.
—No, sabes que voy a acompañarte a todas partes, te guste o no.
Mi esposo no puede evitar reírse, pasa su brazo derecho sobre mis hombros y me acerca a él, estrujándome con algo de fuerza, sus labios se