Estas pinturas mostraban imágenes de ella cargándolo colina abajo o acurrucándose con él en el bosque.
En ese entonces, solo podían confiar el uno en el otro.
Por primera vez, se dio cuenta de que ella era tan importante que tal vez no podría vivir sin ella.
Solo una de estas pinturas era una excepción.
No era una pintura de una niña, sino el rostro de una mujer adulta. La mujer de la pintura sonreía levemente. Sus ojos almendrados eran suaves y serenos, pero hacían que la gente se sintiera