Una sonrisa ladina se extendió por el rostro de Haris.
—Bianca, ¿quién se enteraría de que estoy cometiendo un crimen aquí? Incluso si te arrojara al mar en este instante, todos asumirían que desapareciste sin dejar rastro. Te traje aquí esta noche, y no planeo dejarte ir fácilmente.
Bianca lo miró con miedo reflejado en sus ojos.
—¿Por qué estás haciendo esto?
Haris dejó el cuchillo sobre la mesa junto al sofá, su expresión burlona y fría mientras la observaba fijamente.
—Se trata de aceptar d