CAPÍTULO 35

Estiré mis pies y mi cuerpo lo agradeció. La cama estaba tan cómoda que ni siquiera tenía ganas de levantarme. Abrí mis ojos con algo de dificultad debido a los molestos rayos del sol que se colaban en medio de las cortinas y que iluminaban mi rostro, esparciendo el calorcito que se apoderaba de mi piel, ayudándome a entender que ya

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