RYAN
El bosque estaba cargado de una inquietante quietud mientras me adentraba en su oscuridad. El intenso aroma a pino y tierra flotaba en el aire nocturno. La luna se filtraba débilmente desde lo alto, proyectando barras fragmentadas de luz sobre el suelo. Con cada crujido de una ramita bajo mis pies, parecía estar dando una advertencia, y no podía sofocar el nudo creciente en mi estómago. Ares, mi lobo, rondaba bajo la superficie, agitado y tenso, presionando contra los límites de mi mente co