ENTREGA DE AMOR
MAURIZZIO
Cuando llegué a sus labios y mientras me acomodo entre sus piernas, me pareció ver en sus ojos una pequeña duda, no tanto duda, más bien una especie de temor, percibí un leve temor de continuar, no sé qué pasa por su cabeza, pero la mía pensó que tal vez aquel imbécil no la trató con la delicadeza con la que se debe tratar a una mujer.
De ese imbécil solo por mis investigaciones, sabía que era un poco hombre, más jamás me imaginé que la hubiese tomado a la fuerza, de