El rostro de la muchacha palideció visiblemente y cerró la mano en un puño para evitar su primer instinto, que era llevársela al estómago con un gesto protector.
—¿La custodia? ¿Quieres decir… quitarle a su bebé?
—También es mi bebé —replicó él con rabia—. ¡Ni siquiera deberíamos llegar a algo com