Agarrando una muñeca, la fijo en su lugar, luego levanto su mano sobre su cabeza y aseguro el otro lado del brazalete alrededor del marco de metal de la cama.
—Está demasiado apretado—, se queja.
Agarro su otra muñeca y hago lo mismo.
—Esto no es muy cómodo, Eddy—.
Te va a encantar, Jamie. Ahora imagina tus manos sobre mi cuerpo. ¿Recuerdas cómo era antes?
—Todavía no. Espera. Recuerda que te has portado mal. —Hago pucheros—. ¿Estás duro para mí?
—Joder, sí. Te necesito, Eddy.
—¿Cuánto me desea