Riley le encantaba la pizza especial de pepperoni con extra de queso y pepperoni». Sonrío al recordar que era su favorita.
Excepto por el suave roce de su pulgar contra la piel de mi estómago, como para asegurarme que está ahí para mí, William permanece tan quieto como una estatua detrás de mí.
Cierro los ojos y me transporta directamente a aquella noche; cada recuerdo sigue vivo en mi mente. Desde el sonido del motor hasta el dolor en mi hombro, lo recuerdo todo.
Y aún puedo percibir ese olor penetrante a gasolina en mis fosas nasales, algo que hasta el día de hoy me provoca náuseas si siquiera percibo una leve bocanada.
Salimos más tarde de lo habitual, y estaba oscuro, además había niebla. Recuerdo que papá decía lo mal que lo pasó esa noche. —Me tomo mi tiempo para ordenar mis ideas—. Y lo siguiente que recuerdo es despertarme y no poder mover el brazo. Y Riley… estaba fuera del coche, simplemente tumbada allí, todavía con su leotardo azul turquesa, y yo no podía moverme. Le grité