Las piernas me tiemblan como gelatina recién salida de la nevera.
Toco mis labios con la yema de los dedos, recordando el momento en que sus labios acariciaron los míos.
—¡Estoy jodida! — Levanto el trasero del piso y corro hasta mi habitación, busco por todos lados a Sebastián, en vano, no está por ningún lado.
Quizás mamá lo haya guardado.
Antes de preguntarle por teléfono, marco el número de mi amado, ex jefe quien responde al segundo timbre.
—¡Hola Sammy!
—¡Hola jefe!, digo ex jefecito
—Seg